En el camino…

Psicologo Jesus Alfredo López


Desde los muy remotos tiempos las familias de toda sociedad han temido ante la posibilidad de una guerra.  Tales como la Primera Guerra Mundial, al acabar en 1918 nueve millones de personas habían perdido la vida.  Pero la humanidad aún ignoraba a un peor enemigo, mucho más mortal e invisible. Los virus, ya que en ese mismo año la humanidad siguió siendo castigada por un mal mucho más devastador; un terrible virus de la gripe, conocido como “gripe española”.En cuestión de meses, se convirtió en pandemia y se  llevó a la tumba a casi 40 millones de personas; es decir, cuatro veces más víctimas que dejara la gran guerra.

Un virus cuando ingresa al organismo tiene dos opciones: que encuentre los medios necesarios para multiplicarse o que no los encuentre. Si no los encuentra, se queda en un estado de vida latente, esperando el momento oportuno en que bajan las defensas  para multiplicarse, por cuestiones como el cansancio, estrés, soledad, depresión, mala alimentación, malos hábitos de higiene, etc.

Muchos virus, como muchas bacterias, producen fiebre y síntomas respiratorios (tos, estornudos) o intestinales (náuseas, vómito, diarrea). Las virosis, aun cuando no sean de peligro, a menudo provocan fiebre elevada en los niños de corta edad.  Y, de no ser debidamente combatidos, producen la muerte. Ante las grandes pandemias era ilógico pensar que la cura serían estos mismos, ya que las vacunasle enseñan al cuerpo cómo defenderse cuando los microorganismos, como virus o bacterias, lo invaden. Pues estas son una cantidad muy pequeña y muy segura de virus o bacterias que han sido debilitados o destruidos. Por lo cual activan el sistema inmunitario para aprender luego a reconocer y atacar la infección si uno está expuesto a ella posteriormente. Como resultado, uno no resultará infectado o tendrá una infección más leve. Ésta es una forma natural de hacerle frente a las enfermedades infecciosas.

En los tiempos modernos los padres de familias siguen temiendo por guerras, las cuales tienen nombre de inseguridad social, adicciones, pandillerismo,desempleo,  deserción escolar, embarazos no deseados y tantos otros ejemplos y factores que se pueden evitar. Pues hay enemigos invisibles que por su pequeñez son ignorados. Virus sociales que en su fase inicial marcan su puerta de entrada y parecen estar en forma latente. Estas puertas de entrada están encasa y son permitidas y guiadas en ignorancia por los mismos padres. Ignorados esperan el momento de que algún problema envuelva a los hijos y atacan. Debilitan aúnmás lo que ya estaba debilitado. Estos virus tienen nombre tales como la comodidad, pereza, ignorancia, retraimiento, aislamiento, agresividad y orgullo.

 

Por desgracia los padres al ver la apariencia de fuerza y estabilidad en sus hijos, ignoran que lo invisible es mortal, mas actualmente los hijos muestran una gran pandemia de debilidad de carácter,cuyos rasgos o cualidades presentan una naturaleza y manera de pensar que se distingue por su debilidad, por no tomar compromisos o estar ajenos a las metas, al trabajo y estudio, a la humildad, a la socialización y al respeto al prójimo.

Afortunadamente ante esta pandemia existe una vacuna, la cual parece ilógica pues aparenta brindar infelicidad y dolor. Lo que causa que muchos padres la refuten, sin entender que la disciplina es la vacuna más eficaz.

Recordemos que la disciplina es el conjunto de reglas o normas formativas, cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado. El cual en el esfuerzo no es ninguna casualidad, pero confunde pues al ser inyectado causa dolor y fiebre emocional. Parece que causa daño, pues en el inicio nunca es causa de gozo, pero, si en el proceso de aflicción es formativo, en definitiva lo único que destruirá, será a las falsas defensas de un hijo que no está preparado, para defenderse a sí mismo de todas aquellas pruebas que la vida le ha de mandar.

Son tantos los adjetivos que los padres pueden tener, al llamarse: Proveedores, protectores, dadores de la vida, guiadores, consejeros, etc. Lo cierto es que un adjetivo bien puede ser el de virus. Ese tipo de virus que ejerza una presión o problemas debilitados que al dar ejemplo de adversidad, active el sistema inmunológico del carácter, para que una vez que se presenten los verdaderos problemas, estén preparados para enfrentarlos. Los padres deben de ser un tipo especial de virus, que presenten en la disciplina la mejor vacuna para la vida. Activando en los hijos los anticuerpos llamados límites, sabiduría, compromiso, firmeza, perseverancia, responsabilidad, visión de futuro, humildad, honor y fe.

Son estos anticuerpos guiados por los virus de la paternidad, los que activarán en los hijos su propia autodefensa ante esta vacuna efectiva de la disciplina, que sin ser mágica es lo que en verdad libra a los hijos de un carácter que los conduzca a la autodestrucción o a lamediocridad.