Como cada verano, el intenso calor hacía sus grandes estragos en aquel pequeño pueblo desértico y fronterizo a finales de los años 80. Y como siempre, si no tenías nada de qué hablar, el clima siempre era un buen argumento. En la casa de los Pérez, como en la mayoría, el padre de familia se quejaba de las altas temperaturas que azotaban su casa. En aquellos tiempos casi nadie  tenía cooler y era todo un sueño llegar a tener refrigeración. Es por eso que, en los meses de julio y agosto, literalmente, desde sus dos hijos pequeños, hasta él y su esposa era necesario que anduvieran a puro calzón. Esther quien era la esposa de Mario Pérez, ni siquiera se quejaba, ya que esta situación de andar casi desnuda, era lo que hacía cada verano, que su marido cada noche la llenara de tanto amor. Puesto que las quejas y las ideas están exentas de impuestos, este padre de familia en medio de aquel horrible clima, al cual le decía infernal calorón, siempre buscaba en sus pensamientos cual sería la oportunidad para salir de la pobreza. Tiempo atrás  ya había tenido intentos  de grandes negocios, su idea era hacerse rico, con menos no se conformaba. Era algo así como de empeñarse a pegarle una pedrada a la luna, y aunque no lo había conseguido, en sus errores había aprendido perfectamente como ser un gran tirador.

Un buen día en medio del gran calorón, llegó a él una revista donde explicaban el futuro que tendría el agua en garrafón y el agua embotellada, cosa rara para una sociedad que gustosa tomaba el agua potable directa de la llave. Lo cierto es que  ya había escuchado de ciudades cercanas que ya no podían beber agua sino solamente embotellada o de garrafón. Aunque se convertía en un apostador visionario, decidió excavar el pozo de la oportunidad, antes de que los demás tuvieran sed. No faltó quien le dijo que era una locura su empresa de agua embotellada y de surtido de agua por garrafón, pero él, ignorando a los escépticos, decidido estaba a trazar su propio destino. Tan solo pasaron dos veranos más de intenso calorón en su casa, para que la prosperidad esperada llegara a su hogar. La venta de agua, teniendo la más importante empresa de la región, lo catapultó por fin, a sentir que tocaba la luna. En su casa ya no era necesario que anduvieran en calzones por el tremendo calorón, pues contrario a eso tenían ahora por doquier la mejor refrigeración. Con esto, también llegó un clima que aunque no era pobre o de intensa frustración, si lo era de estar en continua distracción. La unión del matrimonio y la familia ya no era de sueños, convivencia o amor. Contrario a esto, al haber tanto dinero, su motivación estaba guiada por las adquisiciones materiales y en ello sin darse cuenta aunque aumentaba la empresa de venta de agua, cada vez perdían más sencillos valores como la humildad y la disciplina.  En ello, olvidaron que la verdadera fuente de prosperidad, había llegado por una unión familiar que tan sólo había quedado muy  atrás.

Un lúcido día, Esther Pérez dándose cuenta de lo que estaba pasando y sintiéndose al igual que sus dos hijos, más vacíos que nunca. Trataron de convencer de un cambio a Mario, el líder de aquella singular familia. Pero tristemente permaneció totalmente pasivo a las suplicas de su familia y en cuestión de convivencia, de tiempo, comunicación y expresión de amor. Decidió nunca más volver atrás. Esto ocasionó que la percepción de vida y de amor de todos en aquella familia fuera tan solo una apariencia. Ya no importaba si el clima