Es cierto, en la política como en la guerra y el amor, todo se vale –patada y mordida, como dice Félix Montaño en el comercial de tres horas y media de la Welton.

Pero caramba, señores, hasta para eso, creo yo, debería haber un límite…

Permítame hoy hablar de la designación de Leonardo Guillén Medina como candidato del Partido Acción Nacional a la Diputación federal por el Distrito 1 cuya cabecera y más de la mitad del padrón se encuentran radicadas en San Luis Río Colorado.

Hasta el fin de semana pasado, propios y ajenos al Partido albiazul estábamos en la idea de que dicha posición sería ocupada por Lina Acosta Cid.

Al menos es lo que se había “cocinado” desde que David Galván Cázares ocupaba la presidencia del Comité Directivo Estatal y cristalizado ahora con Alejandra López Noriega como cabeza de Partido en Sonora.

Suscrito el “pacto de caballeros” –digámoslo así para no perder la costumbre, vaya-, la aún Diputada local quitó de su mira la candidatura a la Presidencia Municipal –en la que también sonaba fuerte- y se dedicó a sumar liderazgos y realizar “amarres” en todo el distrito.

El acuerdo con la cúpula estatal era que la convocatoria perfilaría como candidato a una mujer (por aquello de la equidad de género), y en su momento así fue, por lo que Lina sólo fue dejando que las cosas pasaran, sin imaginar que un personaje al que ya muchos dábamos por muerto –políticamente hablando, claro-, se dedicaría a moverle el tapete por debajo del agua y de una forma ruin.

Ese personaje resultó ser nada más y nada menos que el Alcalde que durante su trienio (2012-2015) se enemistó con medio mundo, desde el primero hasta el último de sus días como jefe de la Comuna -y hasta la fecha uno que otro trae a colación el 10 de mayo cada vez que se atora en las callecitas del primer cuadro.

Leonardo aprovechó sus ‘buenos oficios’ para ‘grillar’ a Lina en el Comité Ejecutivo Nacional, y al final, con el apoyo de algunos amigos que logró hacer cuando se desempeñó como dirigente estatal, logró que la Comisión Permanente del PAN modificara el género de la convocatoria, es decir, que en lugar que la candidatura fuera para una mujer, se dejara en manos de un hombre.

Enseguida, ni tardo, ni perezoso, tramitó su registro que, por añadidura, le permitirá ostentar la candidatura del Distrito 1.

 

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Pero, ¿qué movió en realidad a Leonardo Guillén a asestarle esa puñalada tan artera a Lina Acosta Cid?

La respuesta es, el apellido de la legisladora local.

Si usted recuerda, cuando Guillén fungió como Alcalde, el contrapeso más fuerte que tuvo al interior del Cabildo y el Gobierno en general, no fue la oposición, sino una cuña salida de su mismo Partido: El regidor Víctor Acosta Cid.

El hermano de Lina representó una auténtica piedra en el zapato para el ‘berrinchudo’ Presidente Municipal y, para colmo, todavía se unió al movimiento contra la obra de remodelación del primer cuadro.

Es decir, Leonardo esperó paciente, casi tres años, y a la primera que tuvo para cobrar las afrentas, lo hizo y vaya de qué manera.

 

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Como le decía al principio, en la política como en la guerra y el amor, todo se vale, pero caray, refería también, todo en la vida debe tener un límite.

No sé qué piense usted, pero desde mi punto de vista siento que mientras se sigan presentando este tipo de acciones al interior de cualquier Partido, el ejercicio de la política como tal, nunca terminará por reivindicarse en el ánimo de la gente.

Hoy, no es un secreto para nadie, la política está sumida en el descredito total, y créame usted, “jugarretas” como la que le acabo de dar cuenta, sólo nos vienen a corroborar que el ciudadano está por debajo del interés personal del político.