EN EL CAMINO / Psicólogo Jesus Alfredo López


Es de lo más común cuando las personas acuden con un psicólogo, el hecho de sentirse muy nerviosas.

Suelen manifestar que es la primera vez que visitan a un consejero, acostumbran en ese primer encuentro a decir el no saber por dónde empezar. Muchas otras personas van con todo un plan respecto a lo que se les va a preguntar y a las respuestas incluso practicadas que ellos externarán. Muchos otros al acudir obligados por diversas circunstancias tan solo muestran una actitud defensiva.

Y como todo en la vida se inicia por un saludo, si evidencian estar demasiado nerviosos un tema general como el clima o el trabajo son buenos para empezar. Yo suelo proseguir con los datos personales para después dar paso al motivo de consulta. Hay muchas cosas que durante la consejería llegan a ser habituales, tales como el llanto, palabras altisonantes, actitud de víctima o preguntas ininterrumpidas con gran desesperación.

El lenguaje y nuestra actitud en lo común o íntimo de la vida, es algo similar al mapa que lleva a lugares recónditos del corazón. La claridad del mapa es para quien lo observa en medida de lo que te quiera mostrar quien lo posee y le pertenece. Si el mapa es muy borroso o difuso debido a las barreras o temores del aconsejado, todo dependerá de la experiencia del consejero o lector del mapa del corazón. La gran ventaja es que una gran mayoría  brindan a los psicólogos una muestra inmediata de lo que es su vida y en lo profundo  piden que se llegue muy adentro, pues necesitan urgentemente una esperanza, un remedio para su aflicción.

Al adentrarse en el relato de su vida, en la observación o lectura de lo que es la vida de las personas, se pueden observar muchas cosas que ellos ya saben. En la consejería se les puede mostrar un ángulo diferente de la verdad ya conocida y ese es motivo de mejora y cambio. Mucho de lo que se espera recibir es información nueva como si el psicólogo fuese una enciclopedia humana, que llega en su empatía y comprensión a ofrecer una cirugía del alma.

La gran aventura, lo muy delicado, frustración o locura misma de escuchar cientos o miles de historias cada año, es el llegar en la exploración profunda a puntos ocultos. Los mismos que las personas muchas veces conocen pero que en lo doloroso no quieren mencionar, se exploran de acuerdo a lo relacionado con lo que es preciso a cambiar o tratar. En medio de la dificultad de lo oculto hay un área aún más profunda y esta tiene que ver con los recuerdos enterrados, los mismos que se ocultan  inicialmente hasta lograr enterrarlos para buscar así en el olvido dejarlos para siempre atrás.

Lo que las personas desconocen es que al abrir su alma en la consejería, como si fuese una historia o melodía en la que tan solo hay que dejarse llevar, muchas veces lleva al terapeuta y al paciente a desenterrar recuerdos muy profundos que al estar en la mente inconsciente gobiernan en lo secreto y tan solo será posible su dominio y comprensión al desenterrarlos por completo. En lo doloroso o desconocido, como al tumor más arraigado se le tiene que sacar.

La finalidad es comprender lo que se ha encontrado, se analiza el poder de ese recuerdo en el presente y de cómo utilizarlo sin pretender nunca más borrarlo. Por más doloroso y maligno que este sea, se le tiene que enfrentar procurando usarlo en manera de lo posible a favor y nunca más como una carga oculta que sin saberlo muchas personas llevan enterradas sin permitirles en su vida realmente avanzar.

El llanto como rio llega muchas veces ante ciertos recuerdos desenterrados, es vital saber actuar en esos momentos. Hacer lo contrario es similar a abrir la caja de Pandora y tan solo observar el descontrol que se ha causado. Afortunadamente gran parte del remedio es tan solo escuchar, es comprender el llanto de quien  narra y con un sentido comprensivo tan solo guiar en ese momento para que salga la aflicción. Ya después vendrá el tratamiento y las técnicas precisas a realizar de acuerdo a lo descubierto.