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Autor. Psicólogo Jesús Alfredo López.

Dos jóvenes se encontraban en la banca de un parque en lo que sería una inolvidable tarde en el día de los enamorados. Él después de escucharla tan entusiasmada de vivir juntos para siempre una vez que ella le confesó que estaba embarazada, tan solo le dijo “perdóname por haberte embarazado. En verdad te amo pero ya no podemos seguir juntos, compréndeme mi amor y en verdad perdóname”. Ella dejándole de ver con amor y con el rostro cubierto en lágrimas tan solo le dijo “eres un cínico, un desgraciado y un cobarde”. Se levantó de esa banca de parque como a quien le acaban de clavar un puñal.

Al llegar a su casa aún con el alma desecha, antes de que  le preguntaran sus padres lo que le pasaba, ella les dijo “por favor, papitos, perdónenme, les fallé y estoy embarazada”. Ambos padres sienten que el mundo se les viene encima, con los sentimientos encontrados desean consolarla y a su vez mandarla a la calle.  Después de tanto verle llorar y de escuchar su arrepentimiento por haber seguido con un noviazgo que se le había prohibido, los papás se tranquilizan y deciden ayudar a su desconsolada hija.

Al llegar la noche y al estar ambos padres solos, ella ve como su esposo totalmente angustiado se pregunta una y otra vez “¿Pero en que hemos fallado?” A lo que su esposa le dice “perdóname, perdóname porque yo solapé el que siguiera esta relación de abusos a tus espaldas”. El sin decir nada salé de su cuarto y ella desesperadamente trata de detenerle, el tan solo le dice “no te preocupes mujer, que tan solo quiero pensar y buscar respuestas”.

Una vez que este hombre se encuentra caminando por la calle, sin saberlo llegó al mismo parque y misma banca donde su hija esa tarde le confesó a su novio que estaba embarazada. Con el alma quebrantada se sentó y levantó su rostro hacía el cielo, con grandes gritos exclamaba “Perdóname Dios, Perdóname por no haber sabido ser un buen esposo y un buen padre. El verdadero responsable de todo soy yo, no he sabido educar, por lo tanto he guiado mal, lo que significa que verdaderamente necesito aprender a amar”.

Esta, como muchas tragedias en la educación de los hijos, pueden evitarse al no pedir perdón por correctamente educarles. Los padres piden perdón por disciplinar, al confundir esta gran herramienta con abuso, la verdad es que cualquier vida sin disciplina está destinada a no ser feliz.

No pidas perdón por educar a tus hijos a ser diferentes, cuando la gran mayoría por pura estadística fracasará, vale entonces la pena educarlos para que no sean “normales”. Educa a tus hijos con el sistema correcto, basado en valores, no en lo de moda, pasajero e inefectivo. Despreocúpate sin en el transcurso no te entienden, te aseguro que más temprano que tarde lo harán. Generación tras generación sigue habiendo hijos que marcan la diferencia, su fortaleza independientemente de su talento viene de familias cimentadas en los valores familiares.

No  pidas perdón si no lo sabes todo, busca, infórmate y se sencillo para recibir consejos, recuerda que en esta vida todos estamos en un continuo aprendizaje y así buscar, día con día, mejorar.

Más vale mil veces una acción a tiempo, incluso si por hacer lo correcto estás en medio de una sociedad llena de incomprensión, lo más importante es que en la buena siembra aprendes a prevenir para evitar pedir u otorgar un perdón lleno de aflicción.

 

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