Cuando mi padre regresó de su viaje, dichoso le mostré todos mis avances en pintura. Mi madre como de costumbre en su recibimiento fue con él muy dura y muy fría. Las discusiones entre ellos se hicieron cada vez más constantes, al grado de que mi madre ya no le preocupaba el que yo estuviera presente.

Las continuas disputas acerca de lo miserable que sentía mi madre, por considerarse a la sombra de mi padre, se tornaron en una serie de acusaciones ante los celos que al paso de los meses eran cada vez más frecuentes.

─ ¡Dile a tú amante que no sea tan estúpida!  ─ Muy enojada decía mi madre.

─ Mira que dejarme restos de envolturas de dulces o recibos de compras en el automóvil.

Mi padre durante mucho tiempo, todas estas acusaciones las negaba. Mas mi madre ante cualquier cosa le afirmaba.

─ Ya te he dicho tantas veces, que me molesta tu amante. Espero que por lo menos tenga algo de belleza, ya que de cerebro no tiene nada.

Después de varios meses de continuas acusaciones, una noche por fin mi padre le respondió.

─ Sabes que a mí también me molesta tanto tú amante, el mismo al que te entregas y le das lo mejor de ti. Si ese al que llaman victimismo.

Con una mirada que parecía escupir fuego mi padre prosiguió.

─ En verdad que me molesta tu amante, pues en el has depositado toda tú alegría y tu capacidad para luchar sin culpar a nadie por tus fracasos, a ese amante le llaman falta de responsabilidad de tus actos.

─ Me molesta ese amante, al que te aferras a regresar todos los días, el mismo que habías dejado atrás pero has permitido que te cubra de nuevo todo el corazón. Ese amante se llama pasado.

─ Me molestan los amantes, que representan todo el resentimiento por lo vivido con tus padres. A los cuales tú has permitido que te metan en un mundo gris de pesimismo y depresión.

Tomándola fuertemente de los hombros, por ultimo mi padre le dijo.

─ ¡Sí, es verdad! Tengo una amante. Descansa al fin es lo que en mucho tiempo has querido escuchar.

Esa noche, mi padre me llevó al otro extremo de la hacienda donde estaba la habitación de mi abuelo. Una gran discusión se llevaría a cabo y mi padre quería que de ella saliera librado. Mi madre sintiendo que se quería morir, en sus continuos insultos y reclamaciones, cometió uno de los más comunes errores.  En medio de ese gran desconcierto que se vive, un fatal error y muy frecuente, es pedir todos los detalles del adulterio. Las personas en medio de su dolor quieren saberlo absolutamente todo, sin saber que en ese absolutismo, harán más grande la herida. Por eso es que piden detalles de: las palabras que se decían, los lugares donde se encontraban, las especificaciones de como planeaban todo, los detalles de cada encuentro en cuanto a las relaciones sexuales, etc.