Jacobo es padre de familia de tres hijos, una niña  de trece y dos niños de nueve y ocho años  de edad. Educa él solo a sus hijos ya que su esposa murió hace dos años, en un fatal accidente automovilístico al ir saliendo de un centro comercial. Esto ha representado desde entonces el hacer la doble labor de padre y madre, ante la ausencia de su esposa él ha tenido que incrementar más que al doble su esfuerzo para cuidar y educar a sus hijos.

Su rutina durante los días escolares empieza a las tres de la mañana, se levanta muy temprano para adelantar trabajo administrativo de su empresa familiar. Aunque parece horario de locura, él disfruta grandemente estos momentos de silencio y de gran paz. Sobre todo porque sabe lo que estas horas representaran para enfrentar un día sin tanta presión y stress para él y sus hijos. A las cinco de la mañana se levanta su hija y al ser la mayor se encarga de organizar a sus dos hermanos, para que al punto de las seis  estén todos a la mesa desayunando lo que ya cocinó papá.

En medio de ser un hombre solo con sus tres hijos, suele llegar muy temprano para dejar a su hija en la secundaria, con el tiempo suficiente para después ir a dejar a sus dos hijos en la primaria. En medio de adelantar trabajo y de buscar grandemente la organización, Jacobo vive un stress que aunque controlado lo agota grandemente. Ya que siempre hay demandas inesperadas como juntas o festivales escolares, tareas en equipo o momentos críticos de alguno de sus hijos debido a su crecimiento y a lo duro que representa a diferencia de sus amigos, el vivir en una familia con la ausencia de mamá. Por lo cual Jacobo como buen hombre y padre, siempre tiene que dar un esfuerzo extra  para ayudar a las necesidades individuales de sus hijos.

Son muchos los que ven con compasión o incluso lástima a este padre – madre y a sus hijos, pero Jacobo lejos de victimizarse se ha disciplinado y ha hecho lo mismo con sus retoños. Por lo cual todos le ayudan grandemente en las labores domésticas, hasta el más pequeño sabe de lavar desde el baño, trastes y hasta cocinar. Aunque trata de no pensar que sería de sus hijos si él muriera, sabe perfectamente que esta posibilidad que cualquier padre tiene, lo mejor que puede hacer es forjarles a sus hijos un carácter agradecido, esforzado, responsable, humilde e independiente.

Para sorpresa de muchos, tanto él como sus hijos viven muy felices en familia. Disfrutan grandemente los fines de semana donde se dan el tiempo de convivir y a veces en salir de la ciudad. Al llegar el fin de cursos escolares es sorprendente los excelentes resultados en el ámbito escolar, con gran orgullo y felicidad, sus hijos le muestran que hacen su parte ante el gran esfuerzo de su papá.

Lo único que le falta a esta familia es el amor de mamá, ya son muchos los que le han dicho a Jacobo que necesita para su familia el calor de una mujer. Aunque no se cierra a la posibilidad de algún día volverse a casar, sabe muy bien que no lo hará por una decisión tonta, impulsiva o a ciegas. Él sabe que es insustituible el amor de su esposa. Afortunadamente entiende que, debido a la organización en su familia, el gran esfuerzo que todos brindan, la disciplina a la que se someten, la cooperación que viven  y el carácter independiente que está logrando forjar en sus hijos, es precisamente amor lo que a sus hijos más les ha brindado.

Sus hijos sienten cierta tristeza cada año al llegar el diez de mayo, al ser huérfanos de madre por más que quisieran no  pueden festejar. Pero curiosamente ya han decidido no festejar en el día del padre a su papá. Ellos tienen en su calendario una fecha única y especial, en la cual celebran a esta rara y muy amorosa especie llamada papa-mamá. O como bien lo defino en este artículo, con gran júbilo llenan de reconocimiento y amor a su  padre-madre.

El autor es licenciado en psicología y tiene su consultorio en la avenida Juárez y calle  31. Tel 653 121 7161.