PT Barnum, el creador del espectáculo que a la postre generó el circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey, no fue un mago, pero, a ojos del actor Hugh Jackman, lo parecía.

Fue una persona, dijo el australiano, tocado por algo especial, adelantado a su época, como Steve Jobs o Elon Musk.

Tenía, además, un entusiasmo y una voluntad inquebrantables. Y no temía tomar riesgos, característica que el ex intérprete de Wolverine considera indispensable en la actuación.

“Al final de cuentas nuestro trabajo trata de caídas, y enfrentar esas caídas. Si no estás preparado para fracasar y tener que lidiar con ello, no deberías ser actor. Si solo te importa ser perfecto todo el tiempo, no seas actor”, consideró.

Un salto al vacío de Jackman es El Gran Showman, musical biográfico sobre PT Barnum que se estrena hoy en México, y que el histrión lleva impulsando desde hace 7 años.

Hecha con 84 millones de dólares, la película está nominada a tres Globos de Oro: Mejor Musical, Mejor Actor y Mejor Canción Original (“This Is Me”).

Barnum (Jackman), hijo de un padre pobre, es un soñador que no se contenta con el mundo que tiene frente a sí.

Tras llevar una vida con empleos miserables junto con su mujer (Michelle Williams), decide engañar a un banco e invertir en un espectáculo muy lejano al teatro pomposo del Nueva York del siglo 19.

Así, arma un show inédito con individuos especiales que la sociedad veía como maldiciones: una mujer barbuda, un enano, una albina, alguien con hipertricosis (síndrome del hombre lobo).

Pero, a la par que aplausos y sonrisas de los espectadores, el nuevo espectáculo recibirá el odio tanto de personas como de críticos que lo encuentran intolerable.