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Amanda vivía sola; así lo hizo durante varios años. Un día dejó de vivir y duró muerta cinco años, tendida en el suelo de la cocina de su casa, en Madrid. Ningún vecino se había percatado de que esta mujer de 83 años había sufrido un ictus mortal. La policía halló su cadáver, momificado, tras un aviso de su sobrina, que vive en Israel.

Esto pasó hace un mes, es el ejemplo más extremo del aislamiento y cada cierto tiempo se difunde un nuevo caso. Alguien a quien nadie, ni familiares, ni amigos, ni el tendero, ni la farmacéutica, echaron de menos. Ayer mismo se conoció la muerte en soledad de otro hombre de 85 años en Alicante.

La soledad es una de las formas más extendidas de exclusión. No está necesariamente vinculada a la edad, pero sí afecta especialmente a los mayores.

La soledad es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos al día. Cuesta creerlo, pero atención, que quien lo afirma lo hace con conocimiento de causa. Es el doctor en psicología David Bartrés-Faz, profesor de la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona e investigador principal del proyecto Barcelona Brain Helth Initiative del Institut Guttmann.

Para el proyecto se está haciendo seguimiento a 5.000 personas vía telemática y, a más de 2.000 de ellas, se las está vigilando directamente con cuestionarios y pruebas médicas. La intención es ver qué aspectos de su vida influyen en un envejecimiento saludable, especialmente a nivel cerebral.

Lo primero que advierte Bartrés-Faz es que no es lo mismo vivir solo que sentirse solo. Vivir solo, es cierto, es un factor importante para sentirse solo, pero no el único. La soledad es un una emoción negativa, una percepción sobre las relaciones que desea la persona y las que realmente tiene.

Más depresión  y ansiedad

Hasta ahora lo más estudiado era el efecto de la soledad en la salud mental, puesto que está demostrado que aumenta las posibilidades de padecer depresión y ansiedad.

Pero la salud física también se resiente. Sentir soledad impacta al mismo nivel que la obesidad o el tabaquismo.

¿Las causas? Entre los aspectos que originan esta peor salud estarían el no seguir habitos de vida saludables, tener una mala nutrición, mayor sedentarismo, peor calidad del sueño…

Además, las personas que se sienten solas, desde el punto de vista fisiológico, tienen efectos parecidos a quienes están sometidas a estrés continuo. Esto ocasiona, por ejemplo, subida de la presión arterial y peor funcionamiento del sistema inmunológico.

 

El propósito en la vida

Pero, aún estando solas, no todas las personas se sienten igual. Uno de los aspectos llamativos que ha encontrado el proyecto de Barcelona son los factores protectores.

Uno de esos factores es contar «con un sentido de coherencia, un propósito en la vida, saber que lo que hago me llena», señala el psicólogo. Se refería a algo que ya se estudió con familias inmigrantes recién llegadas a Estados Unidos. A pesar de vivir en condiciones adversas, rara vez se deprimían o enfermaban. El motivo de esa resiliencia es que sentían que lo que podían hacer por el futuro de sus hijos valía la pena.

En resumen, la soledad es una realidad a tomar en serio en una sociedad cada vez más envejecida. En Catalunya actualmente el 19,7% de las personas  de 65 a 79 años vive sola y la cifra llega al 32,7% en los mayores de 80. No hay datos sobre cuantas se sienten solas, pero en Gran Bretaña, por ejemplo, crearon hace pocos meses un ministerio para la soledad. «Es un tema de salud pública», advierte el especialista.