martes, 11 diciembre, 2018
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El príncipe Ernesto Augusto de Hannover ha tardado 14 años en tomar una decisión que ha dejado al desnudo que el esplendor de la nobleza alemana puede ser aparente y que los castillos magníficos no siempre son lo que aparentan. El príncipe decidió vender, por el precio simbólico de un euro, el magnífico palacio de Marienburg, la residencia oficial de la dinastía, en el Estado de Baja Sajonia, en Alemania. El príncipe ya no quería gastar más dinero en la conservación del edificio

“Ha sido una decisión de una gran importancia para mi familia”, admitió el príncipe cuando dio a conocer la venta del palacio. “Hemos encontrado una buena solución que permitirá que el palacio y su inventario puedan conservase para el público”.

El nuevo propietario del palacio, que comenzó a construirse en 1867 en lo alto de una colina, será la empresa LIemak Inmobilien, una filial de Klosterkammer, que se ha comprometido a financiar los gastos de renovación de la gran residencia, que se calculan en casi 30 millones de euros, aunque ya hay expertos que señalan que para evitar que el castillo se convierta en una ruina deben gastarse más de 60 millones.

“Ya no podía seguir haciéndome cargo de los gastos”, admitió el príncipe casi con humildad al aceptar que la conservación de la gran residencia, que cuenta con 135 habitaciones, estaba acabando con su riqueza personal. El joven había iniciado hace siete años las negociaciones con las autoridades de Hannover, pero sus problemas financieros los heredó cuando su padre, el príncipe Ernesto Augusto, le transfirió el patrimonio familiar en 2004.

Ya en 2005 el joven se había visto obligado a subastar tesoros artísticos del palacio, una medida que le reportó 44 millones de euros. Con el dinero, el príncipe pagó viejas deudas y renovó una torre que estaba cayéndose a pedazos. El príncipe también puso en marcha programas culturales con lo que logró atraer a más de 200.000 visitantes cada año, pero el éxito no logró impedir que el majestuoso palacio siguiera deteriorándose.

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