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En el transcurso de los años dentro de mi trabajo y vida personal, he escuchado a cientos de personas con este mal y desgarrador hábito. Muchos de ellos me afirman con cierta tristeza, las consecuencias de no haber sido más firmes y el mayor dolor, trabajo o sufrimiento que esto ha representado para sus vidas. Otros contrariamente tan solo se ríen o burlan ante esta forma de vivir, ignoran el cimiento de debilidad en el que forjan sus vidas y cuando los retos de la vida ejercen la natural presión y se ven derrumbados, también ignoran y culpan a todos, mas nunca asumen la responsabilidad de no estar preparados.

Ante una impulsiva, consumista y cómoda sociedad, todos los ciudadanos somos preparados para fracasar. El mensaje subconsciente o encubierto en cuanto a la inmediatez de fáciles y sencillos resultados con el mas mínimo esfuerzo, realmente dicen “se débil, no te esfuerces, si no te gusta empieza de nuevo comprando otro producto”. De tal forma, muchos tratan enfermamente de llenar la sensación de vacío, la misma que es muchas veces el tener un gran hueco en el alma, el mismo que se define como débil carácter.

De tal manera cada año durante en enero los gimnasios se encuentran llenos hasta reventar, de igual forma los cursos de verano solo en el inicio  están  totalmente sin cupo  y en septiembre todo tipo de academias como las deportivas o de índole cultural llegan hasta su tope, mas al fin del año muchas de ellas se encuentran incluso semivacías.

Además de ser terapeuta, en mi experiencia como profesor hago mucho el énfasis en lo trascendental que es el saber perseverar. El iniciar una meta conlleva mucho más que un aprendizaje deportivo, intelectual o cultural. El mensaje a nuestras vidas o a la de nuestros hijos al saber empezar algo y culminarlo es el de una vida que sin pretextos se aferra a seguir adelante, que entiende la importancia de ser comprometidos y sobretodo en medio del llanto, el desgano o cualquier tipo de dificultades, tan solo sigue adelante hasta lograr el sueño o meta deseada, esto es forjarse un carácter inquebrantable. El mismo que se prepara para no ser parte de la común mediocridad.

El mensaje a nuestras vidas y a la de nuestros hijos, al enseñarles a iniciar algo y terminarlo, es el rechazo a una autoestima de puente roto. Donde en definitiva en algún momento la adversidad intentará pasar a través de ese puente, al encontrarlo entero y firme tan solo pasará y se marchará. Contrariamente, si al intentar pasar la autoestima es de puente roto, la adversidad misma colapsará y hará un mayor daño a esa vida que ya se encontraba, de por sí, dañada.

Cada generación es marcada o guiada por hechos que nos conducen a todos como sociedad. Como ejemplo la búsqueda de la paz, el hambre por el conocimiento o la gran tendencia a la competitividad, el anhelo de vivir una vida saludable y tranquila, etc. Lo cierto es que en medio de tantas características o tendencias sociales, todos podemos encajar en la clasificación del fracaso o del éxito. Mejor aún de la infelicidad o la felicidad, de saberse personas o ciudadanos que aun siendo parte de un mundo globalizado, nuestra gran contribución al tiempo que nos ha tocado vivir, es el de ser primeramente personas que saben realizar sus sueños. Para en verdad lograrlo es necesario  el ingrediente que generación tras generación, independientemente de las tendencias o las modas, es parte de los que triunfan, no justifican lo duro de los tiempos y terminan lo que empiezan. A este ingrediente o factor determinante que guía la vida de los que saben ser felices se le llama esfuerzo.

Mi madre es una guerrera, muy sonriente me comentaba una pequeña alumna. “¿Y cómo no serlo? Si ella sabe lo que es la perseverancia y el esfuerzo” Pensaba yo al escuchar las dulces palabras de esa niña que también ha sido guiada a ser una guerrera. Ante esta realidad de la vida, para ti o para tus hijos al empezar algo y no terminarlo, recuerda que forjas un carácter que verás listo para la adversidad o contrariamente lleno de quebranto.