Comparte DIARIO NOTICIAS en tus redes

Después de muchos años, apenas recuerda lo sucedido y siente que un escalofrío recorre su cuerpo…

Doña Sara estuvo en el salón donde una joven sanluisina bailó con el diablo.

Mientras atiende un expendio de agua, justo frente al salón de bailes, donde ahora está el sindicato Ruiz Cortínez, de la CROM, la mujer de alrededor de 60 años de edad recuerda que su juventud fue igual a la de cualquier jovencita: le gustaba platicar, reír, pasear, salir con amigas y, ¡claro!, ir a los bailes -la canción “Al ver que te vas”, de Chelo, era su favorita.

Recuerda que muchas ocasiones fue al salón social que se encontraba ubicado en la avenida Quintana Roo y la calle Soto. Platicar con amigas, bailar buena música y… ¡conocer chicos guapos!

“Yo tenía como unos 20 años”, dice la señora, mientras recuerda las muchas ocasiones en que disfrutaban de la buena música. Las cumbias y norteñas alegraban la fiesta; las familias, los grupos de amigos se divertían a lo grande; luego, llegaban las canciones de amor… las pegaditas”.

Sara recuerda que acostumbraba ir acompañada de su hermana Lupita.

“Muchas veces fuimos, pero en esa ocasión mi papá nos dio permiso y nos dijo: ‘se vienen a las doce’, y nosotros obedecimos”.

Don Antonio, su padre, pareció presentir, pues eran horas de la madrugada cuando ya todos dormían en casa, que se escuchó mucho ruido afuera del salón.

“¡Rosalía bailó con el diablo!”, gritaban los vecinos.

Sara corrió a asomarse, su hermana también, y su papá, su mamá, todos se asomaban en busca de enterarse, pero no entendían nada entre tanto grito, solo recuerda que en el ambiente se percibía un olor muy raro.

Los que estaban en el salón salían apurados, en busca de encontrar un carro, un taxi o cualquier cosa que los retirara del lugar.

Ya, al siguiente día, se enteró de que la joven Rosalía había sido invitada por un guapo joven a bailar una pieza; la joven de inmediato dijo que sí.

Disfrutaba del baile con el hermoso joven cuando, de pronto, bajó la mirada y le vio los pies… ¡Era el diablo!

La joven gritó y luego se desmayó; muchos se acercaron a ayudarla mientras el hermoso joven, ¡el diablo!, corría por el lugar hasta desaparecer.

“Ya no haga que me acuerde, porque me dan escalofríos”, dice doña Sara para seguir con su actividad en el expendio de agua donde trabaja.