domingo, 18 noviembre, 2018
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El fútbol ya tiene una nueva epopeya. La de una épica Croacia, el país más pequeño (cuatro millones de habitantes) en alcanzar una final mundialista desde Uruguay en 1930 y 1950. Toda una proeza, tan encomiable como meritoria tras una peripecia extraordinaria. Los croatas han precisado tres prórrogas y dos tandas de penaltis para citarse el próximo domingo con Francia en la gran despedida del Mundial. Por el camino, en semifinales fundió a la poderosa Inglaterra, una selección con un eco y un granero infinitamente superiores.

Con su versión agraria, supeditada a jugarse las habichuelas en las dos áreas, los pross, se quedaron a un dedo de la segunda final de su historia. Una decepción mayúscula para Inglaterra, con todo a favor como nunca, con el peaje más o menos despejado con escalas con Colombia, Suecia y Croacia. Buenos equipos, pero lejos de la gran nomenclatura del fútbol.

Inglaterra impuso su ley al inicio del encuentro, pero Croacia le dio un vuelco absoluto a un partido que se le empinó muy rápido, pero Inglaterra se olvidó del juego y dio vidilla a Modric y sus camaradas. Con el corazón en los huesos y una sobredosis de entusiasmo, los balcánicos mandaron al garete a los ingleses.

La odisea croata resultó aún más conmovedora visto el desarrollo de la semifinal. El equipo del modesto Zlatko Dalic, un técnico sin apenas relieve incluso en Croacia, tuvo que reponerse a su timorata puesta en escena. De entrada, Inglaterra puso el guión y Croacia siempre fue con el gancho. Sin pisadas de Modric, una escuadra demasiado envarada.

Enfrente, una Inglaterra que por esa vía pedestre que propone —llevar de cabeza a sus rivales, en el sentido literal— se aupó sobre su adversario durante el primer acto. Máxime tras el gol de Trippier al ejecutar una falta directa a los cinco minutos. Inglaterra en estado puro: nueve de sus doce goles en Rusia se han originado en jugadas a balón parado. Luego vino el empate.

Croacia anotó un golazo para el empate. Inglaterra estaba sonada. Sintió la sacudida del gol ajeno incluso mucho más de lo que padecieron los croatas tras el tanto madrugador de Trippier. A los de Southgate se le vieron los costurones. Tiritaban los centrales, nadie tenía gobierno y Kane estaba extraviado.

Alcanzada la prórroga, Inglaterra tuvo menos fuelle. El colchonero Vrsaljko evitó bajo el larguero un remate de Stones, pero Pickford tuvo que interferir de forma valiente una llegada de Mandzukic. Pero la gloria reservó una plaza para el ex delantero del Atlético, autor del gol terminal tras un desbarajuste de la zaga inglesa. Inglaterra, que tanto presumió de defensa, cayó en tanga. Croacia, suda que suda como una regadera, ya está en los cielos suceda lo que suceda con Francia.

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