Mario y Emma son dos exitosos ejecutivos de una gran empresa. Esposos, padres de tres hijos y ejemplo para muchos de lo que representa el éxito y el saber vivir en familia. Ambos en medio de la dificultad que representa ser líderes de tantas personas en su trabajo, han descubierto que aun con la dificultad de lidiar con personalidades muy conflictivas, la clave siempre ha sido dirigirse hacia todos con respeto. Aun así, siendo ellos personas tan honorables, la tempestad por personas que los retan, ofenden y desafían son parte del privilegio de ser tan exitoso a nivel empresarial. Más ellos airosos mantienen la calma y siempre dan muestra de una gran gallardía y madurez.

“La gran clave para el éxito es que nosotros no peleamos con los demás” se dicen así mismo Mario y Emma, nosotros lo que hacemos es saber discutir. Es en este punto donde mostramos nuestra gran madurez y respeto al prójimo para saber mantener la calma y siempre en medio de la adversidad buscar soluciones.

Esta pareja  al paso del tiempo siguen siendo ejemplares y dan la confianza a la empresa de ser personas muy responsables y preparadas con planeación y metas a mediano y largo plazo. Un matrimonio que nunca se ha dado por vencido y que además de resistir a la adversidad siempre han vencido.

Sin embargo este aparente matrimonio perfecto cada tarde al llegar a casa, con amargura se ven el uno al otro como quien tiene enfrente al peor enemigo. Su capacidad de respetar, se termina en fáciles explosiones de ira ante cualquier pequeña contrariedad. No hay calma o madurez en sus discusiones, los peores e increíbles berrinches por parte de ambos dan muestra de lo mucho que saben pelear y de lo poco que en su matrimonio saben discutir.

Muchas veces ambos han pensado si tanta pelea en sus matrimonio en verdad tiene solución. Tan solo viven al día tratando de no pensar, respetar o verdaderamente comprometerse a amarse mutuamente. Se dan por vencidos prácticamente todos los días al decir que lo mejor para ellos es el divorcio y ahí en la intimidad de su matrimonio y en la base de su familia se sienten más que nunca totalmente derrotados y vencidos. El fin del día llega y se van a la cama entre ira, tristezas, culpa y llanto. Todo para al día siguiente ir a trabajar mostrándose nuevamente como el matrimonio ideal, pilar de la familia perfecta.

Ellos son como la mayoría, un hombre y una mujer de lo más completos a nivel empresarial y social. Pero en lo íntimo y en lo que realmente trasciende e importa, ambos son como niños jugando a estar casados. Totalmente inmaduros no piensan en lo importante de mostrar precisamente en lo íntimo su principal madurez.

Si tan solo llevaran todo lo que muestran en su trabajo a su hogar, su matrimonio fuera transformado. Esto es  su capacidad de respetar, de mantener la serenidad y la calma en medio de la tempestad o los males entendidos. Si tan solo aprendieran a discutir y a buscar soluciones en lugar de tanto ofenderse. Si en verdad lograran comprender lo trascendental del compromiso y lo beneficioso y duradero a largo plazo para saber vivir y como fortaleza para no darse por vencidos. Si tan solo intentaran en su matrimonio a resistir hoy no estuvieran a punto de darse por vencidos. Hoy no fueran en medio de su madurez social, contrariamente en la intimidad como dos niños jugando a estar casados.

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