En un reino de la Edad Media, los dos príncipes fueron llamados a la Corte Real por sus padres.

El primero en llegar fue el príncipe mayor. Al ver a todos los presentes inmediatamente notó el motivo de ese llamado.

Cuando el príncipe menor llegó, ingenuo escuchó de su hermano: “yo elijo a la consejera llamada Amor”.

De acuerdo a las tradiciones desde tiempos muy antiguos, todo príncipe, al momento de cumplir una edad de madurez, tenía que salir del reino y pasar todo un verano ante las enseñanzas y tutela de las dos principales consejeras del reino.

La primera era la siempre simpática, admirada y anhelada consejera llamada Amor; la segunda era la enfadada, temida y rechazada llamada Frustración.

Al percatarse el príncipe menor que su hermano ya había elegido a Amor, sin mayor opción él tuvo que irse ese verano con Frustración.

Sonriente y cantando el príncipe mayor gritaba jubiloso; enfadado y muy serio el príncipe menor maldecía su suerte.

Al llegar a la aldea donde vivía Amor, el príncipe mayor escuchó que al igual que todos, tenía que trabajar; las instrucciones le fueron dadas por el líder de esa aldea. Indignado, le dijo: “¿acaso no sabes que soy el príncipe real?”. Con una conducta llena de prepotencia, el príncipe mostraba cómo seria su actuar durante ese verano al lado de la consejera Amor.

Lo único que ella hacía al verle tan frustrado era el tranquilizarlo con sus bellos cantos y hermosa sonrisa. Sin trabajo, ni esfuerzo alguno, alardeaba con los aldeanos de su derecho de recibir lo mejor sin esfuerzo alguno.

El príncipe supo desde ese momento que el haría su voluntad sobre la débil Amor, no le importó el que todos se alejaran de él al ver cuán tan injusto era.

Por su parte el príncipe menor, al momento de llegar a la aldea donde vivía Frustración, sin ni siquiera nadie preguntarle nada fue recibido con un pico y una pala.

Indignado, le dijo a Frustración que él era un príncipe real.

Mirándole y teniendo en su rostro una sonrisa, Frustración le contestó: “Si quieres comer, trabaja, eso es lo justo”.

Al sentir que se moría de hambre por el largo viaje, no le quedó más remedio que trabajar. Al paso de unas horas recibió un plato de carne con verduras que le supo como el más delicioso manjar.

Dichoso como nunca antes, desde su llegada entendió que no podría imponer su voluntad ante la dura Frustración.

Al paso de las semanas, el príncipe mayor al lado de Amor, imprudente no dejaba de jactarse de ser un príncipe, por lo cual trataba déspotamente a todos los aldeanos. De tal manera se llenó de aislamiento y aburrimiento.

El príncipe menor en su convivio con los aldeanos ante el duro trabajo, se hizo de muchos amigos, aprendió a respetarlos y poco a poco a quererlos. Era prudente en asegurarse de no tener aires de prepotencia, aprendía en medio de lo frustrante del duro trabajo, a ser más humilde y con ello respetado.

Cuando se acercaba el fin de ese verano, impaciente y sin templanza alguna, el príncipe mayor exigía le mandaran un sequito real, ya que no soportaba estar más en ese lugar. No le importaban los cantos o la sonrisa de Amor, él simplemente quería regresar al palacio.

Contrariamente, el príncipe menor, rodeado de amigos, encontró en la frustración un carácter justo, prudente, fuerte y de un gran temple. Desconociéndose ante sí mismo, no podía creer su poco deseo por regresar al castillo real.

El fin del verano llegó y un sequito real conformado por 100 soldados y siete carruajes, llegó por el príncipe mayor.

Por su parte, el príncipe menor le pidió a sus padres no mandaran a nadie por él, había planeado con sus amigos regresar él mismo al atravesar el impetuoso y grande bosque del reino.

Cuando el príncipe mayor regresó nadie le esperaba, rápidamente olvidó la indignación al saberse por fin envuelto en su mundo de lujos y comodidades.

Después de dos semanas de aventurarse en ese enorme bosque, el príncipe menor y sus amigos en medio de esa gran aventura, nunca se imaginaron poner en gran riesgo su vida. Una bestia muy temida que por años había atormentado al reino, entre ellos se interponía. Valientes, el príncipe y sus amigos, en una batalla que duró siete días, por fin le dieron muerte a esa bestia maldita.

Y como las noticias corren más rápidas que las personas, cuando el príncipe al lado de sus amigos llegó al reino, asombrado no podía creer que un desfile lleno de festejos y ovaciones se había preparado para recibirles.

Incluso, reyes de reinos vecinos esperaban al valiente príncipe que los había librado de esa horrible bestia.

En medio de tantos halagos, lágrimas de alegría, muestras de gratitud y admiración, el príncipe menor entendió que es a través de la frustración cuando es posible encontrar realmente el amor.

 

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