Comparte DIARIO NOTICIAS en tus redes

Por: Germán Orozco M.

 

¡Una conciencia tranquila te hace sentir fuerte!

– Ana Frank, Diario.

Todos vivimos sin saber por qué, ni para qué, todos vivimos con la mira puesta en la felicidad, todos vivimos vidas diferentes y, sin embargo, iguales. Nos han educado en un buen ambiente, podemos estudiar, tenemos la posibilidad de llegar a ser algo en la vida, tenemos motivos suficientes para pensar que llegaremos a ser felices, pero…, nos lo tendremos que ganar a pulso. Y eso es algo que no se consigue con facilidad. Ganarse la felicidad implica trabajar para conseguirla, y hacer el bien y no especular ni ser un holgazán. La holgazanería podrá parecer atractiva, pero la satisfacción sólo la da el trabajo.

No comprendo a la gente a la que no le gusta el trabajo, que no tiene ninguna meta fija y se cree demasiado ignorante e inferior como para conseguir cualquier cosa que se pueda proponer. No sabe lo que significa hacer felices a los otros, y yo tampoco puedo enseñárselo. No tiene religión, se mofa de Jesucristo, usa el nombre de Dios irrespetuosamente; aunque yo tampoco soy ortodoxa, me duele cada vez que noto lo abandonado, lo despreciativo y lo pobre de espíritu que es.

Las personas que tienen una religión deberían estar contentas, porque no a todos les es dado creer en cosas sobrenaturales. Ni siquiera hace falta tenerle miedo a los castigos que pueda haber después de la muerte; el purgatorio, el infierno y el cielo son cosas que a muchos les cuesta imaginarse, pero sin embargo el tener una religión, no importa de qué tipo, hace que el hombre siga por el buen camino. No se trata del miedo a Dios, sino de mantener alto el propio honor y la conciencia. ¡Qué hermoso y bueno sería que todas las personas, antes de cerrar los ojos para dormir, pesaran revista a todos los acontecimientos del día y analizaran las cosas buenas y malas que han cometido! Sin darte casi cuenta, cada día intentas mejorar y superarte desde el principio, y lo más probable es que al cabo de algún tiempo consigas bastante. Este método lo puede utilizar cualquiera, no cuesta nada y es de gran utilidad. Porque para quien aún no lo sepa, que tome nota y lo viva en su propia carne. ¡Una conciencia tranquila te hace sentir fuerte!

 

*****

Los tres párrafos anteriores, íntegros, son de la joven adolescente Ana Frank, los escribió un 6 de julio de 1944, un mes después de sus XV Años celebrados en la clandestinidad. El 4 de agosto, denunciada con sus padres y vecinos, fue trasladada al campo de exterminio de Auschwitz, Polonia. Y entre febrero y marzo de 1945, murió enferma y desnutrida con su hermana Margot en el campo alemán de Bergen-Belsen.

Oraciones, lecturas, luchas interiores, humillaciones, privaciones, miedos, esperanzas, alegrías, persecuciones, regaños, problemas interiores del alma, su desarrollo corporal, cuatro años y más vividos encerrada en plena adolescencia; añorando la libertad, la vida sencilla.

Son desgarradores estos textos de esta niña judía a la que sobrevivirá sólo su padre, de las ocho personas que vivieron en la “casa de atrás”, en la Ámsterdam, Holanda, perseguida y pisoteada por la Alemania Nazi, y liberada por Rusia, Inglaterra y Estados Unidos.

Ana Frank, entre más limitaciones y dificultades, como San Ignacio de Loyola, propone como espiritualidad diaria, no dejar pasar lo que el fundador de la Compañía de Jesús (jesuitas), llamará Examen Diario. La joven Frank llegará a la conclusión ignaciana, claro, por su camino judío de pensamiento y espiritualidad, de “¡qué hermoso y bueno sería que todas las personas, antes de cerrar los ojos para dormir, pasaran revista a todos los acontecimientos del día y analizaran las cosas buenas y malas que han cometido!”.