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Siempre polémico y digno de un debate serio entre los sectores de la sociedad que se manifiestan a favor y en contra. Siempre y cuando se privilegie la voluntad de tomar en cuenta todas las voces, con respeto y humildad. NUNCA como un decreto utilizando el poder mezquino para satisfacer egos, como lo promueve la señora Secretaria de Gobierno federal Olga Sánchez Cordero que propone un Código Penal Único para legalizar el aborto hasta las 12 semanas de gestación. Para quienes creemos en la VIDA desde la concepción, más allá de creencias religiosas, contemplamos impotentes cómo un país bastión de la vida y la familia, podría convertirse en una nación que abraza la muerte. Tal y como lo describe el Sacerdote y Doctor en filosofía Mario Arroyo, colaborador de esta casa editorial en su artículo que habla del caso de Irlanda, país que aprobó un referéndum que dio vía libre al aborto el 25 de mayo del 2018. Transcribo parte de este artículo publicado aquí el pasado 3 de junio del 2018.

“…siempre sigue siendo válida la consideración de que en los momentos de depresión y abatimiento no es oportuno tomar decisiones. O, cambiando de símil, si en la pelea le dan a uno un golpe y baja la guardia, le dan otros cinco. No podemos dejar de dar la batalla por la vida, aunque sea para no ponérselo fácil a quienes se empeñan en instaurar, de forma suicida, la cultura de la muerte. Una vida es una vida, no puede medirse su valor, y aunque sea porque se retrase la puesta en práctica de una ley abortista, o se limiten sus consecuencias negativas, vale la pena hacer el esfuerzo, pues en el inter pueden venir al mundo, fruto de ese empeño en apariencia infructuoso, personas como Cristiano Ronaldo, Chespirito, Andrea Bocelli, Céline Dion, Steve Jobs o incontables más que se han salvado de un aborto, y aunque no han pasado a la historia, su vida es igualmente invaluable.”

“…desde una perspectiva de fe, más allá de constatar que siempre vale la pena y es necesario dar la batalla por la vida, sabemos que nuestra esperanza, el mundo y la historia en general están en manos de Alguien que es más grande, cuyos planes no terminamos de comprender, pero en los cuales, misteriosamente, tenemos la posibilidad de participar. Además, siempre que peleamos la batalla por la vida, aunque en apariencia esté perdida, nos convertimos en pregoneros del “evangelio de la vida” y, por eso, gratos a Dios.

Ser portavoces de ese evangelio va mucho más allá de conseguir leyes que protejan la persona humana. Esas leyes y la cultura que generan son importantes, pero más importante aún es la labor capilar de hacer tomar conciencia, a cada mujer y a cada hombre, del carácter único e invaluable, del don que supone toda vida humana. En este sentido, aunque las leyes permitan el aborto, si no se practica, se vuelven “letra muerta”; como también son “letra muerta” las leyes que lo penalizan, si muchas personas lo consuman en la clandestinidad.

Si la mayoría de la gente acoge la cultura de la muerte, uno a uno debemos anunciarles el evangelio de la vida. Muchos harán oídos sordos por su actitud cerrada y fanática, otros entenderán. Dios, con nuestro pobre empeño sabrá hacer cosas grandes, aunque a veces no nos demos cuenta del cuándo o el cómo”.

Espero que en este país, y solo después de un serio y responsable debate, se imponga el respeto que le debemos a la vida desde su concepción. Y ahora, replico el mensaje del Padre Nelson Hernández: “…aquellos que promueven el aborto deben estar agradecidos de que su madre no pensó como ellos…”.

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