Cuando se han cumplido dos meses de la ejecución del comandante Jorge David Ramírez Sierra, la Fiscalía General de Justicia del Estado no tiene avances para dar con quienes lo asesinaron, menos para ubicar a quienes ordenaron su muerte.

Hasta el momento solo se tienen conocimiento de que fue un solo tirador, que disparó en 13 ocasiones, que la camioneta presenta siete impactos visibles en exteriores e interiores, y al menos un orificio de dentro hacia afuera, lo que comprueba que el policía alcanzó a disparar su arma.

El domingo se cumplieron dos meses de que quien fungió como Supervisor General de la Policía Municipal, fuera asesinado en las afueras del Centro Cultural, a bordo de su camioneta Chevrolet de la línea Tahoe de color negra.

Ese 24 de diciembre al mediodía ha quedado grabado de manera permanente en numerosos amigos que tenía dentro y fuera de la corporación. Pero, lo peor de todo ha hecho pedazos la vida de su esposa, sus hijos y el resto de su familia.

Como suele suceder en este tipo de ejecuciones realizadas por el crimen organizado, nadie aporta datos, nadie aporta pruebas y el asunto se va olvidando hasta quedar en el fondo de un archivero.

En las primeras horas las autoridades locales esparcieron el rumor de que se trataba de un asunto personal, de un problema que habría tenido el jefe policiaco con civiles, al igual como lo hicieron con el asunto del policía Daniel Cortez Castro, quien fue asesinado e incinerado un 5 de marzo del 2018, era Supervisor de la zona Bosque de la Ciudad.

Ahora los rumores en los círculos policiacos apuntan a acciones que estos dos policías cometieron contra el crimen y la delincuencia organizada, asuntos relacionados con el gane de drogas y cobros de piso.

Una fuente de la FGJE ventiló que la ejecución de estos dos policías pudiera estar relacionada con el mismo asunto, con el mismo grupo de criminales.

Pero a dos meses del asesinato de Jorge David Ramírez Sierra no hay avances, ni los habrá, como ocurre en la mayoría de las ejecuciones al estilo de la mafia.